domingo, 9 de diciembre de 2012

Revolviendo


Y revolviendo mis recuerdos, bolsas, cajas y cajones encontré un escrito. Tuyo. No sé cuando lo habrás hecho, no sé dirigido a quién, sólo sé que descubro siempre cosas nuevas a tu lado. “Me siento vacío”, “Te necesito”, “Algún día quizás me encuentres”. Frases que rescato porque no tengo el derecho de publicarlo entero, no tengo tu permiso, no te pregunté. Te necesito. Dichosa aquella persona que haya sido la destinataria de esas dos palabras. Palabras que en sí no dicen mucho más de lo que dicen, salvo porque salen de vos. ¿Necesitar? ¿Vos? Que extraño. Me gustaría saber de dónde salieron esos sentimientos. Es un escrito que te hace humano. Y si se podía ser más bello aún, con esas palabras, lo lograste…



martes, 4 de diciembre de 2012

De engranajes


Y me escapo de la realidad una vez más para intentar entenderme. Pocas veces pude comprender el funcionamiento de mi cerebro, y cuando pienso que lo logré, llega él a derribar mis hipótesis y teorías. ¿Tendrá algo en la sangre? ¿Algún tipo de sustancia que sea atrayente a la mía? ¿Un imán en alguna costilla? No sé, pero la atracción gravitacional que gira en torno a él es enorme, al menos cuando estoy cerca.
Solo puedo tener en claro que el error fue mío. Fue mío al intentar cambiar algo que no estaba en mí poder lograr. Y creí que sí, mordí el anzuelo una vez más. Ilusa!

¿Y ahora?

lunes, 3 de diciembre de 2012

Finish him


Quizás la vida nos cruzó por algo, estoy segura de eso. Todos absorbemos del otro lo que el otro tiene para dar. Y viceversa. La otra persona toma de nosotros lo que nosotros podemos dar. Yo di todo, pero él… Quizás ya el tiempo terminó. Quizás no tiene más nada que darme. Tal vez deba dejarlo donde se merece, en el olvido.
Tarea fina, tarea difícil.
Dar todo y saber que no hay nada a cambio.
Agota.
Se agotó.
Se acabó lo que se daba.
Paciencia extrema.
¿Tanto para qué?
Me gustaría ponerle punto final a tanta mierda de una vez por todas. Siempre creo poder vivir con eso, pero a veces simplemente flaqueo.







Domingo

Llueve y mucho. Normalmente la melancolía y nostalgia que me generan los domingos es casi insuperable. Salvo hoy, claro, porque encima de ser domingo, está lloviendo. No es una lluvia torrencial, más bien un pequeño chaparrón. Pienso en vos. Pienso en vos y en ése último día que nos vimos. Llovía también, justo como ahora. En la cama escuchamos como las gotas golpeaban el techo. Y después de pocos minutos paró. O al menos eso creo porque estábamos bastante ocupados desgarrándonos mutuamente. Tenías que levantarte temprano ese día pero yo sabía que eso no iba a suceder.
–“Maldición, paró de llover, voy a tener que ir al trabajo”, te quejaste. Me hubiese encantado quedarme con vos en la cama todo el día. Juro que todavía puedo sentirte al lado mío, piel a piel, sentir tus caricias, la suavidad de tu lengua en mi cuerpo, paseando por mis rincones, tus dientes mordiendo mis labios.
Y por eso me ponen tristes los domingos, porque no te tengo acá. Porque los domingos, de los 7 días de la semana, son los que más compartimos juntos desde que nos conocemos. Y si por mi fuera te regalaría todos y cada uno de los domingos que me quedan por el resto de mi vida.
Inclusive, te regalaría todos mis días, no sólo los domingos.