Leer mensajes
viejos en el celular es como ir conduciendo el Titanic y chocar a propósito contra
el iceberg. Es hundirse en recuerdos de cosas que ya no están, o nunca estuvieron.
No es fácil borrarlos, algunos son tan únicos y se dan sólo una vez en la vida,
que merecen ser dejados en la bandeja de entrada. Olvidados hasta que uno revisa
y se topa con ellos.
A veces me siento un sms. Olvidada y sólo recordada cuando se topa con algo relacionado
a mí. Es feo sentirse así. Preferiría ser borrada.
Es leer y darse cuenta de cómo cambian las situaciones, las personas, uno mismo.
Mejoran, pero también empeoran.
Etapa nueva. Amores como flechas van.
¿Olvidarlo? Sería lo ideal. Pero como dice mi psicóloga: lo ideal dista de lo real.
Debo darme tiempo, darle tiempo al corazón para que lo deje ir del todo. Duele,
pero ya me hice inmune al dolor de tanto padecerlo.
No sé si quiero verlo, pero sé que lo voy a ver. No sé que voy a sentir pero…
Es tan feo tratarlo como a uno más. Pero acato sus deseos.
jueves, 28 de junio de 2012
jueves, 21 de junio de 2012
De puertas y ventanas
No quiero dejar de escribir, pero no quiero escribirle más a
él. ¿Qué gano dándole importancia a alguien que no lo merece? Si puedo escribir
sobre otras cosas. Hice escritos partiendo de “una moto”, por qué no poder
seguir haciéndolo.
No sé por dónde empezar, es algo así como borrón y cuenta nueva.
Tengo la certeza de que en algún momento de la vida voy a volver a él, pero ya no como antes. No como ese amor de mi vida imposible de alcanzar, sino como alguien que fue especial, y seguro lo seguirá siendo, pero en menor medida.
Tengo la certeza de que en algún momento de la vida voy a volver a él, pero ya no como antes. No como ese amor de mi vida imposible de alcanzar, sino como alguien que fue especial, y seguro lo seguirá siendo, pero en menor medida.
Es feo el
desamor.
Pero es reconfortante saber que cuando una puerta se cierra, se abre
una ventana...
martes, 19 de junio de 2012
Más preguntas que respuestas
No puedo creer que haya llegado al escrito número 56. Ya no
me acuerdo como se hace esto, intentaré plasmar una vez más lo que me pesa. Es raro estar escribiendo de
nuevo, volver al blog, volver a él. No quería escribirle más, no quería revolverme
más, ni darle un lugar más grande del que se merece, o mejor dicho, del que me
pidió tener. Sólo uno pequeño.
Fue difícil, más sabiendo que no existen grises en mi vida. Empecé a desplazarlo. Sí, dejó de ocupar el primer lugar en todo para pasar casi al último. Yo ocupo todo. Yo, yo y yo. Parece que así las cosas salen mejor.
Sigo sintiendo que no sé que estoy haciendo tipeando en este momento, quizás me arrepienta de haber vuelto al ruedo. Pienso y son tantas las cosas que tengo adentro, pero ésta vez no las voy a dejar salir a todas. No me fue beneficioso en su momento y no tiene porque serlo ahora. Más preguntas que respuestas.
No le gustan las mentiras. Si supiera que todavía lo amo, que si conozco a otro no significa que un clavo saque a otro clavo. Me cuesta tanto expresar esto en palabras. No hay confianza y me cree alguien que no soy. Dice conocer a las personas así. Se equivoca. Muchas veces se equivoca. Además, si de herramientas hablamos, más que clavo es un tornillo.
Me duele que todo sea así, ya pasó tiempo desde que decidí tener libertad, pero nada me convence. Voy con miedo, pisando despacio, tanteando el terreno. Más preguntas que respuestas. Aún así cada vez que hablo con él me agarra un nudo en el estómago tremendo, se me alborotan las mariposas que aprendí a drogar y mantener groguis la mayor parte del día. Aprendí también a domar al corazón, a escuchar al cerebro. Sé, como dice alguien que me conoce mucho, que apenas lo tenga adelante, la valla alrededor de mi corazón se va a hacer pedazos, me voy a quedar desnuda nuevamente frente a él.
Es la primera vez desde que lo conozco que no sé qué va a pasar cuando lo vea. ¿Miedos? Muchos. ¿Y si ya no me quiere? ¿Y si se cansó de mí? ¿Y si ya no hay más piel? ¿Si ni siquiera le importo? ¿Qué siente? ¿Siente algo? Más preguntas que respuestas.
El temita de la piel… bueno, eso no creo que se pierda porque cada vez que nos rozamos está intacta. No sé, ¿estoy frustrada, enojada, triste, resignada, indignada? Enloquezco. Enloquecí.
Más preguntas que respuestas.
Creo estar aguantando las lágrimas.
Ya no.
No son de dolor ésta vez.
Son de no saber qué carajo va a pasar cuando lo vea…
Fue difícil, más sabiendo que no existen grises en mi vida. Empecé a desplazarlo. Sí, dejó de ocupar el primer lugar en todo para pasar casi al último. Yo ocupo todo. Yo, yo y yo. Parece que así las cosas salen mejor.
Sigo sintiendo que no sé que estoy haciendo tipeando en este momento, quizás me arrepienta de haber vuelto al ruedo. Pienso y son tantas las cosas que tengo adentro, pero ésta vez no las voy a dejar salir a todas. No me fue beneficioso en su momento y no tiene porque serlo ahora. Más preguntas que respuestas.
No le gustan las mentiras. Si supiera que todavía lo amo, que si conozco a otro no significa que un clavo saque a otro clavo. Me cuesta tanto expresar esto en palabras. No hay confianza y me cree alguien que no soy. Dice conocer a las personas así. Se equivoca. Muchas veces se equivoca. Además, si de herramientas hablamos, más que clavo es un tornillo.
Me duele que todo sea así, ya pasó tiempo desde que decidí tener libertad, pero nada me convence. Voy con miedo, pisando despacio, tanteando el terreno. Más preguntas que respuestas. Aún así cada vez que hablo con él me agarra un nudo en el estómago tremendo, se me alborotan las mariposas que aprendí a drogar y mantener groguis la mayor parte del día. Aprendí también a domar al corazón, a escuchar al cerebro. Sé, como dice alguien que me conoce mucho, que apenas lo tenga adelante, la valla alrededor de mi corazón se va a hacer pedazos, me voy a quedar desnuda nuevamente frente a él.
Es la primera vez desde que lo conozco que no sé qué va a pasar cuando lo vea. ¿Miedos? Muchos. ¿Y si ya no me quiere? ¿Y si se cansó de mí? ¿Y si ya no hay más piel? ¿Si ni siquiera le importo? ¿Qué siente? ¿Siente algo? Más preguntas que respuestas.
El temita de la piel… bueno, eso no creo que se pierda porque cada vez que nos rozamos está intacta. No sé, ¿estoy frustrada, enojada, triste, resignada, indignada? Enloquezco. Enloquecí.
Más preguntas que respuestas.
Creo estar aguantando las lágrimas.
Ya no.
No son de dolor ésta vez.
Son de no saber qué carajo va a pasar cuando lo vea…
lunes, 4 de junio de 2012
Conversaciones íntimas
Hoy me ha sucedido algo de lo más extraño. Estaba acostada
en mi cama cuando golpearon la puerta de mi habitación; por debajo se veía una
sombra muy pequeña.
-¡Adelante! dije, y la puerta se abrió de golpe dejando a la vista, para mi sorpresa, ése pedazo de mí, medio olvidado. No lucía bien, estaba raspado, resquebrajado y sin aliento. Con mucha dificultad susurró:
-Permiso... Y se sentó a los pies de mi cama. Ya nos conocemos y no es mi intención entrar sin golpear e instalarme así, porque sé que no te gusta, pero hoy me veo en la obligación de hacerlo. Necesito una respuesta simple, ¿por qué?
-¿Por qué?, contesté. Porque yo también me vi en la obligación de hacerlo, fue algo inevitable.
-¿Y no pensaste en mí? Egoísta como siempre. ¿No pensaste en cómo iba a quedar yo cuando todo aquello terminara?
-Siempre pienso, pero es tarea muy fina elegir entre la razón y vos.
-Claro, y como muchas veces triunfa el cerebro, a mi me dejás encerrado, sin luz, sin poder tener siquiera un poco de aire, como si fuese mi culpa latir así. No me parece nada justo.
-A mi no me pareció justo que dejaras que jueguen así con vos. Mejor dicho, te lo advertimos, el cerebro y yo, pero quisiste hacerlo de todas formas. Ahora me toca preguntar a mí: ¿Por qué?
-Porque no es mi función pensar racionalmente. No es mi culpa estar hecho para “Él”.
-¿¡Para él!? ¿Todavía seguís creyendo que están hechos? Que iluso de tu parte.
-Te repito, no puedo discernir lo que siento. Esté bien o mal, sólo me toca sentir. Estoy para eso.
-¿Y entonces qué sentido tiene todo este reproche?
-Lo que quiero es que me dejes salir de nuevo, ver la luz, dejarme sentir otra vez que vivo. Quizás no ahora, no mañana, pero en un tiempo. Poder sanar mis heridas.
-¿Y yo qué gano? ¿Que otra vez pase lo mismo pero más adelante? De ninguna manera, esto es una historia de nunca acabar. Ya no me quedan ganas de sentir nada por nadie.
-Eso no lo decidís vos…
-Claro, ahora no te hagas el todo poderoso, miráte. Das pena.
-Doy pena porque vos así lo quisiste… Pero ya no se trata de buscar culpables. Ahora ya está, las heridas están hechas, sólo necesito poder curarlas.
-No me gusta verte así, para nada. Me pone mal. Por eso mismo hice lo que hice. Construir esa valla alrededor tuyo. No fue mi intención hacerte peor. Perdón.
-Está bien, vivo en vos, no comparto mucho con Cerebro, pero es lógico. Al menos eso dicen. ¿Y entonces? ¿En qué quedamos?
-Me costaría mucho sacar el vallado y dejarte libre. No es fácil. Una vez que lo hice… ¡Mirá como terminamos!
-Está bien, pero el que no arriesga no gana. Creo que podemos llegar a un acuerdo.
-Creo que estamos pensando lo mismo…
-¡Adelante! dije, y la puerta se abrió de golpe dejando a la vista, para mi sorpresa, ése pedazo de mí, medio olvidado. No lucía bien, estaba raspado, resquebrajado y sin aliento. Con mucha dificultad susurró:
-Permiso... Y se sentó a los pies de mi cama. Ya nos conocemos y no es mi intención entrar sin golpear e instalarme así, porque sé que no te gusta, pero hoy me veo en la obligación de hacerlo. Necesito una respuesta simple, ¿por qué?
-¿Por qué?, contesté. Porque yo también me vi en la obligación de hacerlo, fue algo inevitable.
-¿Y no pensaste en mí? Egoísta como siempre. ¿No pensaste en cómo iba a quedar yo cuando todo aquello terminara?
-Siempre pienso, pero es tarea muy fina elegir entre la razón y vos.
-Claro, y como muchas veces triunfa el cerebro, a mi me dejás encerrado, sin luz, sin poder tener siquiera un poco de aire, como si fuese mi culpa latir así. No me parece nada justo.
-A mi no me pareció justo que dejaras que jueguen así con vos. Mejor dicho, te lo advertimos, el cerebro y yo, pero quisiste hacerlo de todas formas. Ahora me toca preguntar a mí: ¿Por qué?
-Porque no es mi función pensar racionalmente. No es mi culpa estar hecho para “Él”.
-¿¡Para él!? ¿Todavía seguís creyendo que están hechos? Que iluso de tu parte.
-Te repito, no puedo discernir lo que siento. Esté bien o mal, sólo me toca sentir. Estoy para eso.
-¿Y entonces qué sentido tiene todo este reproche?
-Lo que quiero es que me dejes salir de nuevo, ver la luz, dejarme sentir otra vez que vivo. Quizás no ahora, no mañana, pero en un tiempo. Poder sanar mis heridas.
-¿Y yo qué gano? ¿Que otra vez pase lo mismo pero más adelante? De ninguna manera, esto es una historia de nunca acabar. Ya no me quedan ganas de sentir nada por nadie.
-Eso no lo decidís vos…
-Claro, ahora no te hagas el todo poderoso, miráte. Das pena.
-Doy pena porque vos así lo quisiste… Pero ya no se trata de buscar culpables. Ahora ya está, las heridas están hechas, sólo necesito poder curarlas.
-No me gusta verte así, para nada. Me pone mal. Por eso mismo hice lo que hice. Construir esa valla alrededor tuyo. No fue mi intención hacerte peor. Perdón.
-Está bien, vivo en vos, no comparto mucho con Cerebro, pero es lógico. Al menos eso dicen. ¿Y entonces? ¿En qué quedamos?
-Me costaría mucho sacar el vallado y dejarte libre. No es fácil. Una vez que lo hice… ¡Mirá como terminamos!
-Está bien, pero el que no arriesga no gana. Creo que podemos llegar a un acuerdo.
-Creo que estamos pensando lo mismo…
No quitar la valla, sino ver quien intenta saltarla. Sólo falta esperar
a quién lo logre…
viernes, 1 de junio de 2012
Analízame
Dejé el apunte de historia de lado y en cambio reflexiono. Hace poco tiempo,
una persona a la cual aprecio mucho, le dijo “te amo” a la chica con la que
está saliendo. Ella está muy enamorada. Él, sinceramente no sé. Si bien es
cierto que jamás lo vi así, creo que hay parte de presión inconsciente de ella
hacia la relación. Son sólo conjeturas mías, nada demostrado aún. El tiempo me dará
o no la razón, igual que a todo mortal.
Sólo intento analizar la situación desde afuera. Mi consejo fue: no la ilusiones, no la lastimes. Es mujer, y pese a la corta edad, sentimos igual. Un Te Amo sincero no se dice ni se escucha todos los días. Hay que saber racionalizarlos una vez que se siente adentro y se quiere decirlo. En realidad creo que todo esto viene aparejado con que comparo mi situación y no le desearía mi sufrimiento a nadie. Las comparaciones suelen ser odiosas pero si se saca algo positivo de ellas, bienvenidas sean. Puedo comparar muchos puntos, pero creo que nadie nunca va a entender cuánto y cómo amo a esta persona, quién ya todos conocen, al menos por su nombre.
Es difícil pensar que alguien alguna vez lo amó y lo va a amar, así, como yo. Creo que es imposible, me gustaría que así fuera.
Ser única en su vida, al menos por saber que di todo lo que tuve, que no me guardé nada. Salvo algunos Te Amo, para él innecesarios. Hay que racionalizar, casi diría escatimar.
Podría dar un consejo a las mujeres, pero no lo voy a hacer. Ésta vez es para ellos: piensen, no ilusionen y si pueden evitarlo, no lastimen.
A mí me avisaron, yo no escuché. Pero esa es otra historia ya.
Sólo intento analizar la situación desde afuera. Mi consejo fue: no la ilusiones, no la lastimes. Es mujer, y pese a la corta edad, sentimos igual. Un Te Amo sincero no se dice ni se escucha todos los días. Hay que saber racionalizarlos una vez que se siente adentro y se quiere decirlo. En realidad creo que todo esto viene aparejado con que comparo mi situación y no le desearía mi sufrimiento a nadie. Las comparaciones suelen ser odiosas pero si se saca algo positivo de ellas, bienvenidas sean. Puedo comparar muchos puntos, pero creo que nadie nunca va a entender cuánto y cómo amo a esta persona, quién ya todos conocen, al menos por su nombre.
Es difícil pensar que alguien alguna vez lo amó y lo va a amar, así, como yo. Creo que es imposible, me gustaría que así fuera.
Ser única en su vida, al menos por saber que di todo lo que tuve, que no me guardé nada. Salvo algunos Te Amo, para él innecesarios. Hay que racionalizar, casi diría escatimar.
Podría dar un consejo a las mujeres, pero no lo voy a hacer. Ésta vez es para ellos: piensen, no ilusionen y si pueden evitarlo, no lastimen.
A mí me avisaron, yo no escuché. Pero esa es otra historia ya.
“No pienses porque te equivocas…”
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