lunes, 30 de enero de 2012

Insomnio

            Tenía insomnio… o simplemente no quería dormir. No podía distinguir entre sus ganas y lo que en realidad era.
            Eran las 4 de la mañana y como las 20 horas restantes del día, su mente estaba ocupada en él. Tomó el celular y comenzó a leer los mensajes viejos, esos de la última vez que habían estado juntos. Recordaba cada momento, conversación, cómo estaba vestido, cada detalle. Entre tantos mensajes sacó la cuenta y no pudo creerlo. Hacían exactamente 24 días que no lo veía. 576 horas o 1440 minutos. ¡Solamente 24 días! Le parecía una monstruosa eternidad. Más bien 24 mil años luz.
            Se acercaba el día del reencuentro. Motivo por el cual no quería dormir, o no podía… Todavía dudaba.
            Pensar que en ese mismo momento, hacía 24 exactos días atrás, estaban los dos juntos. Besándose, divirtiéndose, escuchando música, fumando un cigarrillo o quizás haciendo otras cosas. Pero juntos, en un mismo lugar y tiempo perfectos. Porque todo era perfecto cuando estaban juntos.
            Se preguntaba hasta cuándo podría él servirle de inspiración. Hasta cuando seguiría escribiendo casi todos los días, dibujando, pensándolo. La dosis con el paso del tiempo se iba incrementando. Peligroso. Aún así estaba decidida a tomar el riesgo. Ya había resuelto apostar a todo o nada. El azar era lo suyo.
            También se había dado cuenta de que en realidad no quería dormir. Las mariposas otra vez revoloteaban en su interior. No podía tampoco cerrar los ojos y contar ovejas porque lo único que lograría sería transformarlas en muchos “Él”.
            Se había enterado de una buena noticia, eso también la dejó pensando largo rato. Las mariposas en él, estaban vivas… esperándola a ella. A su dueña. 



domingo, 29 de enero de 2012

Ansiedad

            Luego de probar si la lapicera funcionaba correctamente, sintió ganas de volver al papel. Escribir en computadora era más fácil y rápido, pero prefería indudablemente la hoja y la birome. Era inclusive hasta más íntimo. Disfrutaba viendo como sus dedos bailaban al compás de las palabras que nacían de ellos. Podía tachar y escribir arriba, y no había tecnología de por medio. Era otra cosa, en ese sentido podía ser anticuada. Además algún día esos escritos podían llegar a las manos de él… Quizás.
            Habían pasado sólo unos minutos desde la última charla, breve como siempre, pero no hacía falta más. No estaba en el tiempo la calidad de la conversación, más bien en qué se decían y cómo. Y obvio, era inevitable: él tenía las palabras justas, pocas pero precisas. Daba en la tecla siempre. Lograba que ella se estremeciera de pies a cabeza cuando él le hablaba.
            En cambio, ella era muy verborrágica y le costaba mucho callarse la boca y negar lo que sentía. En el fondo no tenía sentido negar absolutamente nada, es más, sentía ganas de gritarle al mundo lo que su corazón sabía hacía ya un tiempo.
A veces creía que era mejor guardarse ciertas cosas, pero iba en contra de sus principios.
Además, las mariposas se volvían molestas y reclamaban constantemente la presencia de su dueño. El único momento donde se calmaban un poco era por la noche. Y sólo a veces, porque no niego que le era difícil dormir sola. Sentía la imperiosa necesidad de abrazarlo, de tocar su piel, sentir su perfume, poder subir y bajar con los dedos por su espalda, sentirse libre de hacer lo que quisiera.
Porque al fin y al cabo, estando juntos podían ser ellos mismos, sin limitaciones de ningún tipo. Libertad 100%.
          He aquí el problema en todo esto. Los suspiros que él le provocaba eran infinitos. Faltaban poco más de 10 días para volver a verlo y… esos suspiros aumentaban su frecuencia cada día un poco más. Encima de todo, sabía que pasaría lo de siempre. Los kilómetros se acortarían pero el viaje se haría cada segundo más largo hasta llegar a destino. Aunque el único destino, de suma importancia para ella, era poder llegar a su corazón. Y si era posible, conocer al fin esas mariposas que habitaban su interior.



sábado, 28 de enero de 2012

Mariposario


     Después de algunos días bloqueada por completo, sintió que todo volvía a la normalidad. La lamparita que se había quemado en su cerebro estaba queriendo encenderse nuevamente, pero faltaba algo, quién como siempre, era Él.
Sintió ganas de volver a escribir, no sabía si sobre el amor, el odio, la distancia, la vida o simplemente sobre todo y nada a la vez. Quería escribir y punto.
     Hacía mucho no hablaban más de 15 minutos seguidos y eso la alteraba demasiado. Como una droga, la más linda y sana, necesitaba su dosis diaria de él, y la noche anterior a sus escritos, había logrado tenerla. No fue una charla muy larga, pero bastó para que ella volviera a sentir esas mariposas que había dopado hacía unos días. Estaba intentando controlarlas, controlar sus incontrolables impulsos de correr a verlo, de llamarlo, de mirar sus fotos, y muchas otras cosas que le daba vergüenza confesar. No eran simples mariposas revoloteando, era un mariposario entero con especímenes nunca antes vistos. Diversos colores y tamaños. Pero todas coincidían en algo, le pertenecían a él. ¿Cómo es eso posible si estaban dentro de ella? Las mariposas en la panza no se crean porque sí, siempre hay un autor, ya sea material o intelectual. En este caso él había plantado pequeñas mariposas que con el tiempo fueron creciendo, ocupando cada vez más y más espacio en su estómago. Pero no eran
lepidópteros comunes, éstos no vivían sólo unas semanas sino que pareciera que ¡se habían instalado para siempre! Para ella estaba bien, él se encargaba de vez en cuando de alimentarlas, total sólo con unas pocas palabras ya se contentaban. Al tenerlo cerca era un revuelo enorme.

     Antes de que estas mariposas se despertaran nuevamente habían tenido una charla bastante escueta, pero no hizo falta nada más para revivirlas…
-Te noto rara hace un par de días, le dijo él preocupado.
-No sé si rara, no quiero molestarte más. Ella sabía que a veces podía ponerse un poco pesada.
-Te dije que no me molesta en lo más mínimo, me gusta todo lo que haces...

Y así las mariposas se volvieron locas una vez más...


Cuenta la historia que esas mariposas siguen esperando a sus compañeras...
Por ahora permanecen en el estómago de él, pero dormidas.


¿Algún día se despertarán?...  



miércoles, 25 de enero de 2012

Vacío existencial

Y con un dibujo del Indio detrás del papel borrador, decidió confesar. Con el único testigo a la vuelta de la hoja quiso expresar todo lo que sentía. Desnudaría una vez más su alma y sus miedos, que a esa altura no eran pocos.
Estaba angustiada hacía ya unos días y sabía que era por haber cruzado esa línea que dividía su cabeza del corazón.
Se lo habían advertido, pero no hizo caso. De hecho sabía que ésta vez era demasiado tarde para no sufrir.
Si era algo así como un juego, le parecía bastante macabro, además, se había dejado ganar, o había perdido casi a propósito.
A pesar de eso, sintió que ya había ganado algo muy importante: poder sentir amor nuevamente. Correspondido o no, lugar y tiempo incompatibles, fuese como fuese ya era tarde para dar marcha atrás. Y ese era uno de los motivos por los cuales ella había decidido no mostrarle “ése” escrito, sino hasta más adelante (aunque a decir verdad, dudó porque su ansiedad era enorme).
Era un vacío que ni 90 hombres perfectos podían llenar, por el simple hecho de que ninguno le llegaría ni a los talones.
Podía pasar momentos alegres (escuetos) con muchos, pero aún así no había nada ni nadie que pudiese llenar ese agujero negro, ese vacío existencial que tenía en su pecho.
Esa paz que le provocaba hablar y estar con él, no podía conseguirla en ningún otro lado, y ahora estaba en peligro de extinción.
Loca ella, loco él, todos dementes insanos en éste juego que se hace llamar vida, destino, amor, o como sea. 







Las reglas ya no son claras, al menos no para mi corazón...

domingo, 22 de enero de 2012

L' amour

La ciencia entiende que la atracción entre dos individuos de la especie humana se debe a una reacción química, producto de la liberación de feromonas, que son sustancias producidas por nuestro organismo, y que se propagan a través de la transpiración… bla bla bla… El amor se siente, no se explica. 

El amor no tiene una explicación científica.

Amor es lo que ellos sienten, lo que ellos son. 

Amor es misterio. 

Amor son las fuerzas que se atraen. 

Lo inexplicable, incomprensible. 

Amor es él, y amor es ella. 







Naufragio

-Estoy seguro de que esto va a buen puerto, dijo una vez. 
Sólo el tiempo le dará o no la razón. Solamente había que ser pacientes.
Por ahora el barco no naufraga más. Encontró el rumbo, y esa brújula con forma de corazón no falla de ningún modo.
Hace tiempo que emprendieron este viaje y a pesar de las tormentas que golpearon el barco, aún siguen en pie. A pesar de haber quedado varados varias veces uno en la orilla opuesta al otro, nada los detiene en su viaje.
De todas formas si se hundiese quedando a la deriva, estarían juntos. ¿Y acaso no se trataba de eso? ¿De estar juntos? No importaba dónde, cuándo o bajo que circunstancias si se tenían el uno al otro… Compartiendo el tiempo, buscando alguna orilla donde descansar. Y de seguro que la encontrarían, porque estaban seguros, de que todo llegaría a buen puerto.







Azar

A él le gustaban tanto sus palabras, como a ella la fascinaba todo su ser. Eran correspondidos, nadie podía negarlo. A su manera eso sí. Quizás a la vista de alguien parecían sólo buenos amigos, pero estando solos en la intimidad, eran mucho más que eso. Eran un todo, el complemento del otro.
Él le daba la inspiración necesaria para poder seguir escribiendo. Ella le regalaba sus escritos. Era una simbiosis perfecta.
Había abierto nuevamente las puertas de su corazón, casi forzando la entrada e instalándose cómodamente ahí. Rendida, ella lo había dejado pasar. Era una sensación inexplicable, solamente se podía sentir. Cómo podía sentir que a veces hablaban sólo con el pensamiento. O se conectaban por medio de diferentes situaciones. No sé cómo ni por qué, pero esa conexión era tan única como inevitable.

Por él decidió dejar todo lo que había intentado construir tiempo atrás. Nada más importaba, nada más importa. Todo el amor que podía sentir en su corazón le pertenecía a él y sólo a él.

Estaba orgullosa de sí misma, había apostado todo y recibido el premio mayor…




viernes, 20 de enero de 2012

Refugio

En esos momentos en los cuales no sabía para donde correr, él era mi faro.
Cuando la soledad y la tristeza acechaban, él estaba siempre al borde del camino sosteniendo mi mano.
En plena oscuridad, cuando sólo reinaba la noche, él era mi refugio.
Era más que mi refugio, era cada una de las estrellas que me protegían un poco en todo ese desierto.
En esos momentos de angustia y dolor, él era mi única salvación. Ése remedio a todos mis males.
Estoy segura que él hubiese secado cada una de las lágrimas que brotaron de mis ojos. Estos ojos que le pertenecen, al igual que todo mi ser.
Refugio. Todo se resume a eso. Un lugar donde librarse de todos los males que alguna vez acecharon mi vida. Un lugar cálido donde pasar el tiempo, recuperando las horas perdidas.
Eso era él, aún a la distancia, él era mi refugio.



Estrellas

A pesar de estar distanciados por varios kilómetros, algo siempre los unía.
En esa ocasión fueron las estrellas.
Ella sentada en su auto, en plena noche, observando el iluminado cielo nocturno. Las estrellas le recordaban a él. Quizás por su brillo propio, por ser únicas e irrepetibles… O por esa vez que juntos caminaron bajo ellas. Mirando el cielo, buscaban formas que jamás encontraron. Pero lo más lindo, era que estaban juntos.

Él era un misterio a veces. Quizás estaba en algún patio, o en la calle, quizás estaba mirando al norte para verla más cerca, tratando de buscar la forma que le quiso mostrar esa noche. Pero el caso era que estaban mirando los dos al mismo tiempo, lo mismo. Y con eso bastaba.
El único testigo de los pensamientos de ambos era el cielo, y cada estrella que brillaba iluminándolo.
Tenían una conexión sobrehumana, algo más allá de todo lo que podía considerarse terrenal.
A veces la asustaba saber que el hombre que ella consideraba hecho a medida, estaba a más de 360 kilómetros. No era tarea fácil siquiera imaginarlo. De todas formas nadie dijo nunca que el amor lo era…



N

Cuando alguien te cambia la cosmovisión, todo, absolutamente todo, lo ves con otros ojos. Y vaya que le había cambiado varias formas de ver y percibir la vida.
El amor por su pueblo (sus raíces), por ese cantante, y las letras de sus canciones en las cuales ella veía reflejada su propia historia de amor. Un tanto rara, pero perfecta, como decía él.
Las ganas de escribir se habían tornado una necesidad física. Respirar, comer, dormir y escribir… Aunque podría agregarle la más vital: ¡ÉL!
Llegó a considerarlo una de las pocas maravillas en lo mundano. Aunque a decir verdad, para ella, era la maravilla número uno. Su maravilla. No sólo en lo terrenal, sino en lo divino y universal.
Nada ni nadie se comparaba con él. Cada vez que veía una foto suya sonreía sin ser consciente. Muchas veces le preguntaban en que pensaba, o por qué la cara, y volvía a reírse sola, sabiendo que la única causa de su felicidad era él.
No le hacía falta nada más. Era todo. Era su mundo, su universo paralelo y quien le había mostrado como amar nuevamente. Pese a que ésta vez, y ella lo sabía, iba a ser diferente a todo.


Cosas de enamorados

Por más que a veces, y sólo por escasos minutos me distraiga, la vida y el destino se complotan encargándose de que lo tenga siempre presente. En una canción, un aroma parecido al suyo, o esa remera idéntica a la que tenía puesta la última noche que pasamos juntos.
Debo reconocer que a veces se torna un poco intolerable el tener las 24 hs a alguien paseando en mis pensamientos, como si le pertenecieran. Y digo las 24 hs porque cuando duermo, mi inconsciente se encarga de traerlo a flote en sueños.
En el corazón vaya y pase, una se acostumbra con el correr del tiempo, pero querer concentrarse en alguna tarea cotidiana y no poder, suena hasta absurdo.
Un claro ejemplo.
Río, sol, música, ideal para relajarse y despejar un poco la mente… ¿Acaso sirve? Para nada. Sólo hace que desee su compañía con todas mis ganas. Y otra vez hay que volver a escribir y descomprimir un poco el corazón que en cualquier momento explota.
Si bien es un músculo y sino late revienta, también puede hacerlo por otros motivos. ¿Latir de más quizás? Eso es lo que pasa cada vez que estoy con él. Cada vez que nos besamos mirándonos a los ojos. Esos ojos con manchitas que tanto me gustan… 



jueves, 19 de enero de 2012

Despedida con sabor a comienzo

Definitivamente ese último beso encerró más sensaciones que las de costumbre. Fue distinto en su esencia, al menos para ella. Casi que tuvo sabor a amor, pero no estaba segura.
Se despidieron, pero sólo hasta pronto (ése era el deseo de ambos).
Fue una despedida llena de nostalgia para ella, quién aunque intentara mostrarse fuerte, él era su talón de Aquiles.
Luego de unos minutos, cuando se disponía a preparar el bolso, llegó un mensaje de texto: “-En la puerta está tu regalo…”
Torpemente bajó las escaleras que daban al garaje, y al abrir la puerta vio una rosa.
No tenía espinas. Notó que él las había arrancado para que ella no se pinchara al tomarla.
La sensación de saber que esa pequeña flor había estado en sus manos, era especial.
Otro de los gestos que a ella la enamoraban por completo.
Sabía que eso que permanecía roto en su interior hacía años, estaba siendo reparado por él. 

Él es ese remedio que ella necesita.
Imposible no amarlo.



martes, 17 de enero de 2012

Dormido

Podía hacer las cosas más divertidas y sin darse cuenta.
Ella adoraba mirarlo mientras descansaba, cosa que no le costaba mucho porque el trabajo lo liquidaba siempre.
Se movía bastante, pequeños espasmos involuntarios muy graciosos. A veces hablaba dormido, o entre sueños. No distinguía ese momento de vigilia y sueño profundo.
Aún así no había espectáculo ni deleite más digno para sus ojos, que verlo reposando tranquilo, con su profunda respiración acompasada.
Mientras tanto, ella acariciaba sus puntos justos, los más sensibles, y eso lo relajaba.
A ella le llenaba de ternura ver a la fiera calmada, sumisa a sus caricias y mimos.
Otro de los tantos momentos de paz que compartían.


Almendras y nueces

Costumbre extraña si la habrá, tener un bolsillo lleno de almendras y nueces. Pero le gustaban mucho. ¿Y quién podía juzgarlo? No dañaba a nadie. Además sobre gustos no hay nada escrito… Bueno, ahora sí, sobre sus gustos justamente.
Sacaba una, mordía la mitad, y la otra mitad la compartía con ella.
Ahora que lo pienso, tampoco le molestaba compartir eso. A ninguno de los dos les importaba dar la mitad de lo que tuvieran. En ese sentido, intuyo que ella era capaz de dar todo.
La mitad de su corazón ya le pertenecía, y celosa, la otra mitad, quería irse también con él.
Ella intentaba impedir que sucediera, al menos hasta cuando no pudiese resistirlo.
Es difícil remar contra la corriente del corazón… ¡Maldición! ¡Si ella lo sabía mejor que nadie!

 

sábado, 7 de enero de 2012

Inalcanzable

        El encuentro normalmente comienza con un saludo poético, cortés, pero superficial de parte de ella, seguido de su elocuente silencio y sonrisa expresiva. Esa misma sonrisa que le quita el sueño.
-Podés venir a visitarme, le sugiere él. Puedo llevarte a andar en moto, tal y como lo planeamos.
-Lo consideraré si dejás de contemplarme con esa mirada enigmática, como si yo fuera un rompecabezas cuyas piezas no encajan.
         La verdad es que en esta historia, nada encaja y la mayoría de sus encuentros no eran producto del azar.
         Nada tiene sentido. Esa sensación rara que la invade cuando escucha su nombre. Cuando lo ve... Nadie busca sufrir eso es cierto, pero una cosa lleva a la otra. El sufrimiento termina siendo inevitable, como muchas otras cosas en la vida. Amar, sufrir, sonreír y llorar, son cosas que van de la mano.
Él le dijo: “Es cierto que estaría toda la vida con vos, pero no es el momento ni el lugar”. La dejó pensando largo rato… Hasta que contestó: “Sos un gran remedio para un gran mal...”

         Ese día vio su moto afuera y su mente no pudo soportar que sus cuerpos estuviesen en un mismo edificio, y sus miradas no se encontraran. Entró de inmediato buscándolo.
         Él no tenía que decir nada, con los ojos le hablaba y la besaba con la mirada. Eran esos besos telepáticos, hipotéticos, esos que crean adicción.
Cada vez que lo veía se transportaba a aquel universo paralelo, donde podía amarlo sin limitaciones. Donde no existían las absurdas reglas de la sociedad. Donde pintaba con los dedos y escribía poemas en la arena, que no eran borrados jamás por el viento.
         Eran corazones totalmente compatibles por donde se los mirasen, pero él tenía razón. Estaban atrapados en un tiempo y espacio que no era el de ellos.
         Cuando estaban juntos nada más existía. Todo desaparecía. También la ropa que llevaban puesta. Ella desnudaba sus miedos a los pies de la cama. ¿Él? Aún no sé bien que decir de él. Era un tipo especial.
         Estaba mal, nadie lo niega. Era un amor atrapado en una dimensión paralela, y no correspondido. Todo era no correspondido.
Desde ese momento ella no pudo dejar de pensar en él. En lo inquieto que era. En los chistes que hacía. En esa noche llena de placer en la que ambos disfrutaron mutuamente de sus cuerpos. ¡Sus cuerpos! Vale detenerse en este punto. Ella tenía una gran debilidad por su piel, pero la espalda de él era algo único. Cada vez que la recorría con su dedo índice, ella se sentía en un parque de diversiones. Amaba pasearse subiendo, bajando, y viceversa, mientras él estaba acostado boca abajo. Así podía permanecer horas, días, incluso toda la vida.
Eran bastante parecidos. Les costaba demostrar cariño. ¿Amor?, no entraba en su vocabulario. Pero entre ellos, insisto, era diferente. Todo era diferente con él.
Cuando sus labios se encontraban, el mundo se ponía en Pausa y ninguno de los dos quería volver a darle Play. Sin duda había eternidad en esos instantes de encuentro.
         No me gustó como nos despedimos. Ese beso en la frente que él le dio, confirmó la horda de sensaciones que ella tenía. Desencadenó una serie de sentimientos que estaban dormidos, aplacados por el tiempo. El tiempo… ése mejor amigo de los que saben esperar. Algo que a ella le costaba, incluso más, que extrañarlo tanto. Se había prometido una y mil veces no enamorarse, pero el corazón tiene razones que ni la propia razón entiende. Y claro está, nada en esta historia tiene sentido alguno.
         Cuando hablaba de él, sus ojos brillaban distintos. Alertada por eso, decidió alejarse, aunque sabía en su fuero interno que era imposible. Imposible como el amor que ella sentía por él. Pero él… ¿qué sentía? Sólo su cabeza sabía que pasaba por ahí.
El tipo más especial que se había cruzado en toda su vida. Estaba segura de que la culpable de todo era nada menos que la distancia. Esos tiranos kilómetros que los separaban pero al mismo tiempo llenaban de magia sus encuentros.
         Siempre que ella se alejaba de su presencia, volvía con nuevas energías y un millón de ideas. Millón de ideas que se desvanecían al comprender que eran imposibles de llevar a cabo, porque al fin de cuentas, todo, inclusive él, era inalcanzable.

 

viernes, 6 de enero de 2012

Reencuentro

El momento había llegado, después de tanta espera estaban en el mismo lugar. 
La música sonaba fuerte, ella se acercó y lo tocó por la espalda.
-Hola…
Sus miradas se encontraron y sin decir nada más, sus labios se fundieron.
Esa noche era la primera de unas cuantas, y fue especial como siempre.
Llegaron al lugar en donde se veían ocasionalmente.
Y sucedió como todas las veces que estaban juntos. No faltó nada.
Las incoherencias de él, sus movimientos inquietos, y sus temas redondos preferidos sonando de fondo.

Todo hecho a medida.


Cigarrillos y caramelos rojos (colorados)

Esa noche, y por única vez, él le cedió el caramelo rojo (su preferido). Aún así no le importó compartirlo con ella. Creo que esos pequeños gestos eran los que la enamoraban cada vez más. Y ya era imposible ocultarlo. Se desarmaba siempre que sus ojos se encontraban.
El esfuerzo que ella hacía por escuchar y prestar atención a sus historias, era sobrehumano. Entendible. Se perdía en la manera en que su boca bailaba al compás de las palabras que emergían de ella. Viajaba a la estratosfera en tan sólo  un minuto. Cuando sus pies lograban tocar la tierra nuevamente, la historia había concluido y sus bocas estaban pegadas, hechas una sola, otra vez.
Siempre que volvían caminando él le ofrecía un cigarrillo. Ella encantada, no podía rechazarlo. Era otro de los vicios que compartían (pero éste sí era malo). En cambio, lo bueno de todo aquello, era que no sólo podían compartir momentos en la cama, caminando, sentados o charlando… también cigarrillos y caramelos rojos (o colorados como decía él).





Perfección

Sus lenguas y sus bocas eran un todo. Se complementaban tan bien que todo era perfecto. 
Y si la perfección existe sólo como idea humana, él era lo más cerca que se podía estar de alcanzarla. 
Y no sólo la había alcanzado, sino que la había superado a niveles extraordinarios. 
Lo mejor, era que ella podía ser partícipe de esa perfección. 
Cada vez que lo contemplaba quedaba maravillada con él. 
Su cuerpo, su espalda, sus subidas y bajadas, todo, absolutamente todo, era hermoso.




Beso en la frente

No dejaba a nadie que besara su frente, ese pequeño lugar más arriba de los ojos era suyo. Era suyo desde esa vez cuando se despidieron y él la beso tiernamente allí.
Ese beso se había hecho costumbre cada vez que se veían. No era un simple beso, de hecho encerraba mucho más que eso. Desataba en ella un mundo paralelo maravilloso.
La piel que tenían, su química, era de otro mundo. De ese mundo al cual ambos pertenecían cuando estaban juntos.
-¿Tenés frío? Estás temblando.
-Nada de eso, vos me provocás esto, contestó ella.
Silencio seguido de una sonrisa y un beso. Esa sonrisa que a ella la desarmaba por completo.
Cada beso tenía algo nuevo, algo mágico, y algo que los había hecho imprescindibles para vivir. Como una adicción, un vicio, pero el más sano del mundo.